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1o Domingo de Adviento

En los días venideros, la montaña de la casa del Señor se establecerá como la más alta de las montañas. Muchos pueblos vendrán y dirán: “Vamos, subamos a la montaña del Señor, a la casa del Dios de Jacob; para que nos enseñe sus caminos y que caminemos por sus caminos”. (Isaías 2:2-3)

El profeta Isaías nos habla de un jornada, y dice que en los últimos días, al final de la jornada, la montaña del templo del Señor se establecerá como la montaña más alta. Lo dice para decirnos que nuestra vida es un jornada: debemos ir en esta jornada para llegar a la montaña del Señor, para encontrarnos con Jesús. Lo más importante que le puede pasar a una persona es encontrarse con Jesús, este encuentro con Jesús que nos ama, que nos ha salvado, que ha dado su vida por nosotros. Encontrarnos a Jesús. Y estamos en esta jornada para encontrarnos con Jesús.

Podríamos hacernos esta pregunta: Pero, ¿cuándo me encuentro con Jesús? ¿Sólo al final? ¡No, no! Nos encontramos con él todos los días. ¿Cómo? En la oración, cuando oramos, encuentramos a Jesús. Cuando recibes la Comunión, encuentras a Jesús en los sacramentos. (Papa Francisco, Homilía, 1 de diciembre de 2013)

Oración

Oh ven, oh ven, Emmanuel,
Y rescatar a Israel cautivo,
Que llora solitario aqui en el exilio
Hasta que aparezca el hijo de Dios.

¡Alegrense! ¡Alegrense! Emmanuel vendrá a ti, oh Israel.

Vendrá a ti, oh Israel. Amén.

(tr. por John M. Neale)