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Miles de cristianos de todo el mundo comienzan el día cantando: “Bendito sea el Señor” y terminan proclamando “la grandeza del Señor, porque ha mirado con favor a su humilde siervo”. De esta manera los creyentes de los diferentes pueblos, día a día, tratan de recordar; recordar que, de generación en generación, la misericordia de Dios se extiende sobre todas las personas como él había prometido a nuestros padres. Y de este contexto de recuerdo agradecido estalla la canción de Isabel en forma de pregunta: “¿Y por qué se me concede esto, para que la madre de mi Señor venga a mí?”. Encontramos a Isabel, la mujer marcada por el signo de la estérilidad, que canta bajo el signo de fecundidad y asombro. (Homilía de Su Santidad el Papa Francisco, 12 de diciembre de 2017)

Oración

Viajando en el jornada diaria de la vida, Nunca caminamos solos.

María, nuestra Madre, está con nosotros, compartiendo nuestro camino de peregrinación.

Aunque algunos nos dirán, desanimados, “Nada puede cambiar nunca”,

Luchar por un nuevo mundo de justicia; Lucha hasta que se gane la verdad.

Ven mientras viajamos por el camino, Santa María, ven.

Amén.

(Texto: Juan A. Espinosa)