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DIA CINCO: VER CON EL CORAZÓN

La Palabra de Dios: 1 Reyes 19:9-14
“9 Allí llegó a una cueva y se alojó en ella. Y he aquí, la palabra de Jehová vino a él, y él le dijo: “¿Qué estás haciendo aquí, Elías?” 10 Dijo: “He estado muy celoso por Jehová, el Dios de los ejércitos. Porque el pueblo de Israel ha abandonado vuestro convenio, tirado por vuestros altares y matado a vuestros profetas con la espada, y yo, aunque sólo yo, me quede, y ellos buscan mi vida, para quitármela.” 11 Y él dijo: “Sal y párate en el monte delante de Jehová.” Y he aquí, el Señor pasó, y un viento grande y fuerte destrozó las montañas y rompió en pedazos las rocas delante de Jehová, pero Jehová no estaba en el viento. Y después del viento un terremoto, pero Jehová no estaba en el terremoto. 12 Y después del terremoto un fuego, pero Jehová no estaba en el fuego. Y después del fuego el sonido de un susurro bajo. 13 Y cuando Elías lo oyó, envolvió su rostro en su capa y salió y se paró a la entrada de la cueva. Y he aquí, vino una voz a él y le dijo: “¿Qué estás haciendo aquí, Elías?””

Laudato Si’, 216
“La rica herencia de la espiritualidad cristiana, fruto de veinte siglos de experiencia personal y comunitaria, tiene una valiosa contribución que hacer a la renovación de la humanidad. Aquí, quisiera ofrecer a los cristianos algunas sugerencias para una espiritualidad ecológica basada en las convicciones de nuestra fe, ya que las enseñanzas del Evangelio tienen consecuencias directas para nuestra forma de pensar, de sentir y de vivir.
Más que en ideas o conceptos como tales, me interesa cómo tal espiritualidad puede motivarnos a una preocupación más apasionada por la protección de nuestro mundo.
Un compromiso que este elevado no puede sostenido únicamente en la doctrina, sin una espiritualidad capaz de inspirarnos, sin un “impulso interior que nos aliente, motive, nutra y dé sentido a nuestra actividad individual y comunitaria”.
Es cierto que los cristianos no siempre se han apropiado y desarrollado los tesoros espirituales otorgados por Dios a la Iglesia, donde la vida del espíritu no se desvincula del cuerpo ni de la naturaleza ni de las realidades mundanas, sino que ha vivido en ellos y con ellos, en comunión con todo lo que nos rodea.”

Meditación
La conversión se trata de un cambio, “deseo de cambio”, que nos impulsa a tomar conciencia del verdadero estado de las cosas y de cómo es nuestra relación con la creación, por lo que “debemos examinar nuestras vidas y reconocer las formas en que hemos dañado la creación de Dios a través de nuestras acciones y/o nuestra falta de acción”.
Necesitamos experimentar una conversión o un cambio de corazón. Porque lo que no toca la fibra de nuestro corazón no genera cambios reales en el comportamiento.
La espiritualidad ecológica es esa forma de vivir de acuerdo con los valores y creencias que rigen las opciones y decisiones fundamentales de la vida. Es una nueva experiencia que forma una alternativa de estilo de vida a la cultura dominante, de consumo puro y descarte. Tal espiritualidad sólo puede sostenerse en los valores esenciales que ofrece la fe; como, el principio de la gratuidad y la lógica del don, que expresa la fraternidad humana y es una condición esencial para abrirnos a la fraternidad universal con toda la creación.

Oración silenciosa

Acción: ¿Qué toca en mi fe la fibra de mi corazón para poder experimentar la fraternidad universal con toda la creación?

Novena Credit: ONG carmelita