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DIA SEIS: NUESTRAS GRANDES MOTIVACIONES DE FE

La Palabra de Dios: Mateo 6:19-21
“19 “No acumulen para ustedes mismos tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen y donde los ladrones se meten y roban, 20 sino que acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido destruyen y donde los ladrones no se meten ni roban. 21 Porque donde está su tesoro, allí estará también su corazón.”

Laudato Si’, 222
“La espiritualidad cristiana propone una comprensión alternativa de la calidad de vida, y fomenta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de disfrutar profundamente libre de la obsesión por el consumo. Necesitamos tomar una lección antigua, que se encuentra en las diferentes tradiciones religiosas y también en la Biblia. Es la convicción de que “menos es más”.
Una inundación constante de nuevos bienes de consumo puede desconcertar al corazón y evitar que atesoremos cada cosa y cada momento. Estar serenamente presentes a cada realidad, por pequeña que sea, nos abre a horizontes mucho mayores de comprensión y realización personal. La espiritualidad cristiana propone un crecimiento marcado por la moderación y la capacidad de ser feliz con poco.
Es un regreso a esa sencillez que nos permite detenernos y apreciar las cosas pequeñas, estar agradecidos por las oportunidades que la vida nos brinda, estar espiritualmente separados de lo que poseemos y no sucumbir a la tristeza por lo que nos falta. Esto implica evitar la dinámica del dominio y la mera acumulación de placeres”.

Meditación
El mensaje central es la posibilidad de lograr una experiencia personal de amor a Dios, que se realiza a través de cada criatura y de los pobres.
La motivación esencial para el cuidado de la naturaleza y el cuidado de los seres vivos no es otra cosa que el amor.
El amor hace posible “una comprensión alternativa de la calidad de vida”, para la cual “menos es más”.
La fuerza del amor puede ser una fuente de alegría y celebración porque somos capaces de descubrir la gratuidad que precede, sostiene, se alimenta y regresa (nuestros pies) al suelo.
La conversión, sobre todo, significa un cambio en la mentalidad, un cambio en la lógica del pensamiento, dado que “necesitamos darnos cuenta de que ciertas mentalidades realmente influyen en nuestro comportamiento”.
Debemos cuestionar nuestra “lógica” subyacente que nos impide tomar en serio las cuestiones ecológicas.
Necesitamos sembrar una espiritualidad de conexión con todo lo creado. La vida del espíritu no se disocia del cuerpo ni de la naturaleza ni de las realidades mundanas, sino que se vive en ellas en comunión con todo lo que nos rodea.
La conversión ecológica implica un cambio en nuestras formas de celebrar y orar.
La conversión ecológica es una llamada a todos a la participación cooperativa, a la creación de redes, a educar nuevos hábitos y virtudes que nos ayuden a salir del pensamiento simplista; “Cada problema tiene una solución técnica.”
La conversión ecológica se basa en la experiencia de una espiritualidad ecológica cuyo eje central es la ecología integral como paradigma de la justicia social y ambiental.

Oración silenciosa

Acción: ¿Qué mentalidades tengo que afectan mi capacidad para perseguir la conversión ecológica?